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La tragedia del mar mediterráneo y la crisis migratoria, una visión africana, por Mahamat K. Dodo

Lunes, 15 Junio 2015 07:15

La respuesta de la Unión Europea

La llamada unánime de los líderes mundiales para hacer frente a la crisis migratoria y evitar otras desgracias en el futuro fue sin precedente. El Papa Francisco llama a la solidaridad y a la acción humana al decir que los inmigrantes “son hombres y mujeres como nosotros que buscan un vida mejor, huyen del hambre, y están heridos, perseguidos o son víctimas de la guerra.” El Presidente francés, François Hollande dijo que  “sería el peor desastre en el Mediterráneo en muchos años; se precisan más barcos, más vuelos y una lucha más contundente contra el tráfico humano.” Y el Presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, declara que “Hemos sufrido tragedias similares en nuestro país y sabemos que no hay ninguna nación que pueda hacer frente por sí sola a estos acontecimientos.” En fin, todas las declaraciones hechas por personalidades importantes como las citadas arriba piden una respuesta contundente contra los traficantes de los inmigrantes y para paliar la crisis migratoria.

La operación Mare Nostrum fue una operación humanitaria puesta en marcha por el Gobierno Italiano para salvar vidas tras la tragedia de octubre de 2013. El presupuesto de la operación era de 9 millones de euros mensuales. La operación fue criticada tanto en Italia como en el resto de Europa aduciendo que crearía un efecto llamada. Fue sustituida por la operación Tritón bajo el mandado de la UE con un coste mensual de 3 millones de euros.  La diferencia entre las dos operaciones es que Tríton tiene el mandato de vigilar las fronteras europeas y Mare Nostrum buscaba barcos de traficantes en todo el Mediterráneo para salvar vidas.

Los traficantes de personas: la ética versus el mercado

El que facilita el viaje de la muerte es un hombre de negocios, por muy doloroso y horroroso que nos parezca. Está en este negocio porque hay una demanda. Si no hubiera una demanda masiva no habría oferta, aunque sea peligrosa; es así de simple. Por tanto, esto no va a parar, porque el tráfico de los inmigrantes se rige por la ley de la oferta y la demanda como en cualquier transacción económica. Ahora bien, como dice Matteo Renzi, los traficantes de personas son los nuevos comerciantes de esclavos. Entendemos todos lo que quería decir el Primer Ministro. Pero se diga lo que se diga, para ir al fondo de esta situación, la solución vendrá solamente de los africanos cuando se den cuenta que se están convirtiéndose voluntariamente en mercancías, cuando es sabido que esa situación ha costado miles y miles de vidas  y sangre durante siglos hasta llegar a la Guerra Civil en EE.UU. (1861-1865) para abolir la esclavitud y dar al hombre negro la dignidad de persona. Los africanos de hoy no tienen idea de cómo son percibidos y vistos por los demás. A mucha gente, les incomoda la pobreza y las necesidades, especialmente cuando esas necesidades condicionan un modo de vida. Vivimos en un mundo en el que, en general, la gente es favorable a la solidaridad, pero la escasez de los recursos y el alto coste de la vida diaria, especialmente en Occidente,  no permiten la asistencia permanente que muchos africanos esperan, aunque se hable mucho de la política de ayuda humanitaria y de cooperación para el desarrollo. El europeo es individualista por naturaleza y por cultura y proviene de una familia nuclear y reducida.  Muchos africanos proceden de familias numerosas donde todo se comparte y, a veces, uno pierde todo por compartir con los demás. Esa diferencia cultural de solidaridad distorsiona lo que el africano espera de un mundo que se mueve con valores del individualismo impuestos por el mercado, capitalismo, materialismo y consumo sin freno. Por ello, el europeo se cansa pensando que ha hecho ya bastante más de lo que puede y se espera de él. Y esa realidad se le escapa a muchos africanos y es lo que les hace esperar más de lo que pueden darles. Y como consecuencia, la juventud africana se la juega arriesgando sus vidas, su futuro y, a la vez, el futuro de todo el continente africano.

La sociedad de acogida y los ciudadanos europeos

La sociedad de acogida (Europa en general) también tiene mucho que ver con la locura de tantos inmigrantes al alentar sueños que sabe que la mayoría de los inmigrantes nunca alcanzarán por mucho que lo intenten. Aquellos sueños de tener una casa y bienes materiales con los que muchos inmigrantes sueñan, sí pueden llegar a alcanzarse por sus hijos o nietos si llegan a tener la educación y la formación adecuadas que la sociedad del primer mundo exije. Eso es posible y probable dado que los hijos de los inmigrantes estarán en situación de igualdad con los nativos del país de acogida. Pero aún así, no hay ninguna garantía de ello. ¿Por qué? Porque los propios nativos europeos lo tienen bastante difícil para realizar sus sueños, a pesar de haber nacido en Europa, tener todas las ventajas de ser ciudadanos y empezar la carrera hacia dicha realización desde la infancia. Es ahí donde Europa, y España en este caso, tiene que dejar claro aunque sea un Wishful Thinking que el que quiere venir por los valores democráticos encontrará dichos valores, dado que la sociedad europea se basa en el respecto de los derechos humanos, el estado de derecho, etc., Y por el contrario, si alguien quiere venir a Europa por razones puramente económicas, es aconsejable un mínimo de conocimiento e información de cómo es la realidad económica del país y qué se requiere para ganarse la vida y cuanto cuesta cubrir la necesidades. Es decir, “aquí se paga para vivir”, que lo que luce se paga y que la vida tiene un coste económico y que en muchos casos las cuentas no salen ni para los europeos mismos. En fin, aunque suene paternalista para algunos, debemos de hablar claro y soñar si esta actitud ayuda a salvar vidas. ¿Por qué hacerlo así? Porque muchos inmigrantes no tienen idea de los riesgos que corren, tanto en su travesía como en los países de acogida. El mundo es como es, y necesitamos aparcar la hipocresía y educar más a los que no saben en qué agua se mueven.

La responsabilidad de lo que está sucediendo con muchos inmigrantes la comparten también los ciudadanos europeos. No culpo a ningún europeo de la tragedia del Mar Mediterráneo. Sin embargo, cansa escuchar a menudo eso de ´esa pobre gente está buscando una vida mejor`.  Vamos a ver, la pobre gente que vive con 2 o 3 euros al día no salen ni de su barrio, aldea o ciudad. Los que salen son gente, en general bien preparada, ambiciosa, la más fuerte pero sin la información adecuada de cómo es Europa u Occidente en general.

Los medios de comunicación

Hay que hacer un esfuerzo y ser riguroso en cómo se presenta la tragedia de la inmigración a los europeos. Hay que separar los inmigrantes que vienen de África, y los que se esconden en la miseria africana para venir a Europa. No todos los que llegan de África son africanos. Hay de todo, y todos con sus propios motivos. África es solamente una plataforma para saltar a Europa. Hay sirios, afganos, indios, pakistanís, iraquíes, y hasta latinoamericanos que pasan por África para venir a Europa. Pero como todo lo que tiene que ver con África y el africano en particular es despreciable y negativo, y que el color asombra, se crea una histeria nacional que a menudo no es de recibo. Por tanto, la responsabilidad mediática juega un papel devastador y emocional en esa saga de la inmigración. Los medios a menudo están más interesados en presentar la tragedia de la inmigración que en ir al fondo del tema y educar mejor a la ciudadanía.

En fin, ese artículo tiene como objetivo crear debate y llamar a la reflexión sobre un tema tan complejo como es la inmigración. Si las autoridades europeas exigen una gran responsabilidad de los países de origen como es el caso de Libia en esta tragedia, tienen también que asumir la responsabilidad de no ir a derrocar a un gobierno,por muy desdeñable y no-democrático que sea, si no tienen la mínima intención de terminar la tarea. Lo que pasa ahora en Libia es el resultado de una política franco-inglesa corta de miras, con Obama detrás, la OTAN asumiendo el mando de la operación, y algunos medios de comunicación de ´cheerleaders ´. Se habla de que Libia es un estado fallido sin un gobierno central capaz de controlar sus costas. Pero ¿acaso se ha olvidado que los que abogaban para el derrocamiento de Gadafi que estuvo en el poder durante 42 años  son los que hoy claman para bombardear a las barcazas e impedir a los traficantes de personas seguir con sus negocios mortales? El mismo cálculo erróneo está en la raíz de la crisis de Siria, que ha generado unos 3.500.000 de refugiados que desesperadamente quieren venir también a Europa u Occidente. Por tanto, hay que revisar a fondo la política occidental en Próximo Oriente e intentar estabilizar la región si se quiere evitar hacer del mar Mediterráneo un cementerio de los damnificados de la tierra.

La falta de responsabilidad de los jóvenes africanos

La mayoría de los jóvenes africanos que se lanzan a la aventura de la inmigración lo hacen por aspiraciones económicas y ambiciones personales. Esos jóvenes, sin embargo, no tienen la mínima idea de los riesgos que corren para su seguridad personal al dejar sus países, familias, y cruzar dos o tres países para llegar a su destino. Además, la mayoría no tiene idea alguna de lo que se requiere para poder ganarse la vida dignamente en Europa en general, y en España en particular. Mientras que en España, desde la crisis, se habla de buscar un nuevo tejido industrial y un nuevo modelo de crecimiento económico, los inmigrantes, en particular los sub-saharianos, siguen con su concepción desfasada del antiguo modelo de crecimiento económico. Es decir, muchos siguen soñando con un trabajo en la construcción o en el campo cuando esto ya no es lo que era. Como dice un amigo marroquí, “es que ahora no te llaman en España”, aludiendo a que antes encontrar trabajo para los inmigrantes solía ser una cuestión del boca a boca o simplemente mediante una llamada telefónica. Ese malentendido de la realidad económica de Europa o España está en la raíz de la locura irresponsable de miles de inmigrantes. Como consecuencia, el inmigrante medio se miente a sí mismo y se autoengaña al tener un sueño inalcanzable. Asimismo, la familia del inmigrante en el país de origen es fuente de todo tipo de presión psicológica y de chantaje emocional. Es decir, al enviar dinero a la familia para ayudarle a salir de la pobreza, aquella buena intención se vuelve un negocio intra-familiar, que a su vez crea una cierta deuda sin fin hacía el inmigrante. El inmigrante se encuentra atrapado y la familia se vuelve dependiente de él, mientras que es ella misma la que nutre esta dependencia sin fin porque no sabe el valor del dinero que recibe, y por tanto, se acomoda y quiere que el hijo o la hija inmigrante siga enviando el dinero.

Inmigrantes afincados en Europa o la llamada diáspora africana

Hay que ver también el papel de la desinformación que juega muchos inmigrantes afincados en Europa o España en este caso. En la mayoría de los casos, los que ya están en Europa no cuentan del todo la verdad a sus familias o si lo dicen lo dicen a medias cuando regresan de visita o cuando cuentan su situación en su tierra natal. Por razones culturales, decir que las cosas en Europa no son como se pintan en las televisiones, o decir que yo he fracasado en mi planteamiento sobre Europa es muy difícil para muchos inmigrantes. Para ser justo, hay quienes intentan decir esas verdades pero no son escuchados ni por las familias ni por los que intentan embarcarse en la aventura europea; y hay otros que obvian dichas verdades y alientan la locura al hacer creer a sus familiares que todo va bien, y que el hermano o la hermana que quiere venir a probar su suerte puede hacerlo sin ningún problema. Así continúa el engranaje, el sueño europeo, y los riesgos en el Mar Mediterráneo.

Los gobiernos africanos y la Unión Africana

En todos los discursos sobre las soluciones para parar la tragedia de los inmigrantes en la frontera europea, se obvia a uno de los actores principales que son los gobiernos africanos. Se habla de senegaleses, nigerianos, malienses, marroquíes, tunecinos, libios, etc. como si procedieran de países donde no hay  gobiernos. Los gobernantes africanos en su gran mayoría han fallado a sus pueblos. Todo el mundo sabe eso. Pero si Europa piensa que por si sola puede acabar con la tragedia de los inmigrantes, se equivoca rotundamente. Las élites africanas no van a mover ni un dedo para ayudar a sus ciudadanos si la comunidad internacional, el primer mundo, no exige de ellos una toma de responsabilidad en el tema. No basta dar a Senegal o Marruecos dinero y equipamiento de vigilancia de las costas para parar a las pateras que quieran zarpar hacia la tierra prometida. Si Europa de verdad quiere paliar el fenómeno de la inmigración ilegal de alto riesgo en el nombre de los derechos humanos, ¿por qué no condicionar la ayuda de cooperación al desarrollo con una política clara de inmigración nacional de los países receptores de sus ayudas? Además, ¿por qué no sancionar a las elites de los países que empujan a sus ciudadanos a arriesgar sus vidas sin ninguna protección o asistencia consulares?

Reflexiones finales

La tragedia en el Mar Mediterráneo de la semana pasada ha conmocionado a la conciencia mundial. La UE, la comunidad internacional, los EEUU y la ONU y el Papa, han exigido una respuesta de la UE para paliar la crisis migratoria en el mar Mediterráneo. Como respuesta, el gobierno italiano convocó una cumbre extraordinaria  del Consejo Europeo para buscar una solución de urgencia a la dicha crisis. El resultado ha sido triplicar el presupuesto de la operación Tritón y comprometerse a aceptar 5.000 refugiados. Sin embargo, muchos han criticado la respuesta de la UE y la declaran insuficiente. Ahora bien, la cuestión que tiene que plantearse Europa y los europeos es, ¿dónde está la responsabilidad de los países africanos? Y ¿por qué los africanos arriesgan sus vidas de una manera tan irresponsable? Dicho esto, si se quiere evitar otras tragedias en el futuro, tanto los países de acogida como los países que empujan a sus ciudadanos a abandonar todo para un sueño que, en la mayoría de los casos, no alcanzarán, han de coordinar sus políticas de inmigración.

Mahamat K. Dodo es natural de la República Centroafricana, Profesor/Investigador del Centro de Estudios Europeos, Universidad de California, Berkeley, y colaborador del Centre de Documentació Europea de la Universitat de Valencìa. En estos momentos se encuentra preparando un libro sobre las relaciones entre la Unión Europea y los países ACP (África, Caribe y Pacífico).

Modificado por última vez en Viernes, 19 Junio 2015 10:00
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