Ausente y cansada, la mirada de mis compañeros se perdía en un inmenso paisaje gélido. Nunca antes tal amplia paleta de matices de un único color blanco se había hecho presente. Sólo el silencio servía de bálsamo en la constante búsqueda de respuestas e interpretaciones. El autocar se distanciaba lentamente por un camino cubierto de nieve y naturaleza muerta,  mientras nosotros, sumidos en la perplejidad y en el vacío, abandonábamos para siempre los últimos vestigios de nuestra inocencia.

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