Publicado en Cartas desde Brujas

El papel de la Unión Europea en la protección de los derechos de las personas LGBT dentro y fuera de nuestras fronteras

Martes, 14 Diciembre 2010 11:54 Escrito por  Jose Diaz

Los avances legislativos de la Unión Europea han sido, y siguen siéndolo, el impulso esencial para que muchos países europeos terminen, persigan y condenen toda práctica discriminatoria contra el reconocimiento y el pleno ejercicio de los derechos humanos de las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero. La Directiva de Empleo de 2003 y la revisión de la Directiva de Igualdad de Trato de 2002 incluyen expresamente claúsulas de protección LGBT, mientras que la Carta Europea de Derechos Fundamentales, con fuerza vinculante desde la entrada del Tratado de Lisboa, se consagra como la primera Carta Internacional de derechos humanos en incluir como causa de discriminación aquella basada en razones de orientación sexual.

Sin embargo, a pesar de los logros y los avances en materia legislativa, la Unión Europea se enfrenta a grandes desafíos para la plena cristalización social de la igualdad efectiva y para la aplicación a nivel nacional de la normativa europea vigente. El informe de la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea sobre la Homofobia y Discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género de 2009 supone un claro avance en el ánalisis y en la reivindicación del desequilibio existente entre Estados Miembros respecto al reconocimiento, respeto y protección de los derechos de las personas LGBT.

En muchos países de la Unión Europea las personas LGBT siguen sufriendo una clara discriminación en los contextos educativo, sanitario, laboral y deportivo. La legislación europea sobre la libre circulación de las personas, los nacionales de terceros píases y los solicitantes de asilo no garantiza los mismo derechos de reagrupación familiar  a las parejas homosexuales que a las heterosexuales.  Además, en algunos Estados Miembros, como en Polonia o Lituania, las libertades fundamentales de asociación, de reunión y de expresión han sido vulneradas sistemáticamente, prohibiéndose desfiles del Orgullo Gay o bien permitiéndose contramanifestaciones de carácter violento. Por otra parte, las personas transgénero, los más vulnerables de la comunidad LGBT, se enfrentan dentro de nuestras fronteras con grandes trabas discriminatorias tanto en el acceso a la asistencia sanitaria como en la protección contra delitos motivados por prejuicios. Y a todo ello se suma la falta de investigación académica, de datos no oficiales de ONGs y de estadísticas oficiales, esenciales para entender la escala y la naturaleza de los problemas que afectan a las personas LGBT y para formular y aplicar políticas informadas y eficaces.

La responsabilidad de la Unión Europea en la defensa de los derechos humanos de las personas LGBT transciende también nuestras fronteras. Debemos preguntarnos si la Unión Europea emplea todo su poder nomativo y económico en sus relaciones con los países candidatos, los países vecinos y los aliados en programas de cooperación y partenariado frente a las políticas discriminatorias y a la criminalización de la homosexualidad en casi 80 países, incluida la pena de muerte en 7 de ellos. Si la Unión Europea quiere mantener un política exterior coherente con sus principios y valores no puede obviar la discriminación que sufren las personas LGBT en Turquía, como país candidato, la penalización de la homosexualidad en los países vecinos del Magreb y la pena de muerte impuesta en Estados aliados como Yemen, Arabia Saudiata o Uganda.

Podemos decir que la perspectiva LGBT está empezando a cobrar cierta significancia en las relaciones exteriores de la UE, pero que ésta sigue siendo claramente insuficiente en la defensa exterior de los derechos humanos. El último avance, el Manual publicado por el Consejo de la Unión Europea para promover y proteger el disfrute de todos los derechos por parte de las personas LGBT del pasado junio de 2010 anima a las instituciones comunitarias a la prioritización de la defensa de la despenalización, la igualdad y la no discriminación, así como el apoyo y la protección de los defensores de derechos humanos de la comunidad LGBT. La Unión Europea debe utilizar todos sus mecanismos diplomáticos, políticos, financieros y de cooperación para erradicar dichas políticas infames y discriminatorias contra las personas LGBT. Debe centrar su apoyo en los esfuerzos de la sociedad civil, realizar informes periódicos de supervisión y trabajar de una manara consistente con otros foros multilaterales como en las Naciones Unidas, la OSCE y el Consejo de Europa.

Dentro de unas décadas miraremos atrás y, con la misma incredulidad y verguenza propia con la que hoy miramos a los crímenes de guerra y a los regímenes fascistas que sufrimos en Europea, nos preguntaremos indignados cómo pudimos consentir que se discriminara de esa forma tan infame e injustificada a las personas LGBT. El camino ya está abierto pero estamos aún muy lejos de ese espacio común europeo de igualdad y bienestar, muy lejos del reconocimiento real y efectivo en todas las políticas comunitarias del principio de no discriminación por orientación sexual o por identidad de género. Hoy más que nunca, y frente a la tendencia a la derecha más conservadora de alguno de sus Estados Miembros, la Unión Europea debe ofrecer un marco institucional y normativo sólido para la promoción y protección de los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y personas tránsgenero, presentándose así como un claro referente global de cooperación internacional esencial para poder avanzar en la consolidación de la igualdad y  dignidad humanas.

José Díaz Lafuente

Modificado por última vez en Martes, 14 Diciembre 2010 12:32
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