Publicado en Cartas desde Brujas

Un antes y un después: un día en Auschwitz

Domingo, 04 Abril 2010 07:02 Escrito por  Jose Diaz

No escribiría sobre Auschwitz sino fuera desde el infinito respeto a los cientos de miles de inocentes que sufrieron las vergüenzas de la indignidad humana. No escribiría sobre Auschwitz sino fuera porque pude vivirlo en presencia de otros estudiantes del Colegio de Europa con los que comparto amistad y una intensa pasión por la integración europea. No escribiría sobre Auschwitz sino representara en sí mismo el fin del declive y la génesis de un nuevo orden.

Siguiendo el lema de quién no conoce su pasado está obligado a repetirlo el antiguo complejo de campos de exterminio abre sus puertas transformado en un museo conmemorativo. La incesante nieve del invierno polaco paraliza toda sensación física y, en un sutil intento de protección, nos advierte de la desolación más absoluta otro tiempo allí vivida. La guía comienza su exposición en la entrada al campo principal donde puede leerse las palabras en alemán arbeit match frei (el trabajo os hará libre) símbolo y corona del cinismo nazi. Con objetividad científica, barracón tras barracón, nos va adentrando en el terror, la asfixia y la tortura, describiendo minuciosamente las celdas, los restos humanos encontrados y  las evidencias de los crímenes cometidos. Un número, un nombre y dos fechas; la de entrada y la de su muerte, acompañan cada una de las miles de fotografías de víctimas anónimas que cuelgan en serie en los pasillos de los bloques principales.

Con la emoción contenida por el frío y el silencio, llegamos a una de las habitaciones dedicada a los cientos de miles de niños que perdieron su vida. Ropa, zapatitos y muñecas recuerdan a los más inocentes. Una mujer anciana rompe a llorar delante de una de las fotografías. Su llanto reconoce a sus antiguos compañeros de celda que no compartieron su suerte. La crueldad de la escena provoca las lágrimas y la impotencia de todos los presentes.

Los más jóvenes y fuertes se libraban de la cámara de gas situada justo al final del trayecto que conectaba por tren el complejo de campos de exterminio con los guetos de toda Europa. Meses más tarde morirían de agotamiento o hambre.  La mayor parte de los exterminados no tenían conciencia de que el final de las vías era el final de sus propias vidas. Sin despedirse, dejaban plegada la ropa con su nombre anotado y los zapatos atados entre ellos para poder recuperarlos más tarde después de pasar por la ducha exigida. Más de un millón de judíos, gitanos y homosexuales fueron exterminados en Auschwitz por el mero hecho de serlo.

El fin de Auschwitz es el principio de un nuevo orden internacional. Los consecuentes juicios de Núremberg terminaron con el poder absoluto del derecho positivo y con la universalización de un derecho natural, inherente al ser humano por su propia existencia. El fin de la Segunda Guerra Mundial dio paso a la creación de Naciones Unidas y a la promulgación de la Carta Universal de Derechos Humanos. La fragmentación que sufrió Europa a la voluntad de unirse por medio de la constitución de las tres antiguas Comunidades Europeas. Resulta difícil de creer que hace tan poco estuviéramos tan lejos, que cientos de miles de europeos fueran objeto de tortura, asfixia y exterminio. Resulta imposible de aceptar que el ser humano sea  capaz de olvidar tan pronto y de consentir que semejantes atrocidades pudiesen repetirse en genocidios como los sufridos en Camboya o en Ruanda.

Para leer más:

Un niño afortunado de Thomas Buergenthal (prisionero en Auschwithz y Juez de la Corte Penal Internacional).
Sin destino de Imre Kerstéz (premio Nobel de Literatura 2002).
El largo viaje de Jorge Semprún (escritor y político español).

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